
Estaba feliz. En ese momento nada podía desconcentrarme. Nada (ni nadie) era más importante. No paraba de sonreír.
Sé que está mal alegrarse con las cosas malas que le suceden a los demás, pero ¿qué pasa cuando esa cosa mala tiene un potencial beneficio para mí? ¿Karma? ¿Suerte? ¿El universo conspirando a mi favor?
No tengo idea cómo llamarlo. Sólo sé que esta puede ser una gran oportunidad para mí, por fin hay una pequeña chance de que las cosas resulten bastante similares a como las quiero.
Siempre me dices que me echas de menos, que me quieres mucho. Hoy de nuevo me dijiste que querías estar conmigo y abrazarme. Me pregunto si sabrás el efecto que me producen tus palabras. “Uno debe saber el efecto que produce en las personas”, leí por ahí. Deberías saberlo, porque mucha gente puede malinterpretar todo esto.
Sólo espera a que le cuente. No lo va a creer. Me va a alentar a que me la juegue 100% por ti. Suena extraño, ¿no? Es que ni siquiera yo lo creo aun. Supongo que tenías una cara de pena horrible, que sentías una rabia enorme o algo así. Siempre y cuando todo lo que me hayas dicho sea verdad. Lo único que no me gustó fue lo del tema “Soltería”. ¡No, no y no! Justo después de mencionar ese tema desagradable, me preguntaste que consejo te daba. Y no pude evitar soltar una risita. ¿Que qué consejo te doy? Simple. (Consejo Confidencial)
De hecho incluso lo escribí (pero obvio que lo borré, antes de enviarlo por accidente...)
Para variar me desvié del tema. “Siempre y cuando todo sea verdad”. ¿Qué pasa si me has mentido todo este tiempo? Lo dudo, porque confío en ti, tal vez demasiado, pero mejor olvido este punto.
Ya, ahora tengo que concentrarme en conquistarte. Ja ja ja. Ni siquiera sé por dónde empezar o cómo empezar, sólo tengo claro el por qué. Es simple: porque te quiero.
Si, si. Tú también me quieres, pero la idea es que empieces a quererme así como yo te quiero. Parece un trabalengua, pero así es.
Te quiero (podría decírtelo todo el día).
A estas horas ya debes de haber vuelto, soltero, a tu departamento. Más triste que enojado. Quizás lloraste, pero no delante de ella. Sino que lo hiciste cuando estuviste solo. Mientras caminabas de vuelta.
Se me ocurre que ella ni siquiera intentó inventar una excusa. Tu cara debe haberlo dicho todo: “no hay vuelta atrás” (Me lo dijiste, además de decirme que esto no merecía tu perdón). Tal vez lloró, o tal vez no. Tal vez ni siquiera te pidió disculpas, tal vez sólo asumió haber cometido el error. Para mí, el error más grande de su vida. Es que perderte a ti...
CONMIGO! Sí, conmigo. Lejos soy tu mejor opción. La que más te quiere. La que más piensa en ti. La que no te traicionaría. La que no te haría daño, así como ella lo hizo.
Ahora tienes que estar solo. Escuchando música, porque sé que no ves mucha tele. Sólo “viste” las noticias entre comillas, porque piensas todo el tiempo en lo que hoy descubriste. Vas a la cocina, pero no tomas nada. Te das cuenta de que fuiste por inercia...
Me gustaría saber si desde que resolviste esta desagradable situación, has pensado en mí. Ya, creo saber que haré para conquistarte. Primero: saber si todas esas cosas lindas que me dices son porque me quieres como una amiga, como casi una hermana, o porque quieres más que eso, porque quieres algo más conmigo.
Necesito saber cómo controlar lo que haces, en el sentido de que no te enamores de otra que no sea yo. Segundo paso: contarle. Obvio que sabrá como aconsejarme, claramente después de salir del shock de la situación.
Entonces, no pierdas más tiempo. Puede que estamos separados por varios kilómetros, pero créeme, la distancia desaparece cuando dos personas se quieren. Hagamos que la distancia desaparezca entre nosotros. Sé que podemos hacerlo.
...
Ja!
Al final todo dio un giro inesperado. Aun no sé si mientes, me has mentido, o qué. Pero ahora me siento capaz de decirte adiós, sin sentir ese deseo irrefrenable de arrepentirme, de mirar atrás.
Si te dejo ir ahora, sé que podré salir corriendo y alejarme lo más rápido de ti, antes de soltar una que otra lágrima.
Si te dejo ir ahora, sé que no será más o menos doloroso, sólo dolerá distinto. Es lo único que tengo para consolarme.
Ya. Me armé de valor (como por décima vez) te dejo ir. Te regalo. Te entrego. Si, te entrego a alguien que sea capaz de cuidarte como necesitas. Tal vez porque yo necesitaba que tú cuidaras de mí, pero ambos (y mucha más gente en realidad) sabemos que eso no sería así. Todavía eres un pequeño niño asustadizo (o eso es lo que nos has hecho creer todo el tiempo) que no sabe lo que hace.
Me tengo que convencer, no de cambiarte, sino de borrarte. Porque cambiarte no resolvería el problema, sino que lo haría aun mas grande, porque estaríamos agregando a otra persona a todo este enredo.
Pero querido, yo sí sé lo que hago, por lo menos por ahora: dejarte. Alejarme de ti. Olvidarte. Sí, eso suena mejor: olvidarte...
Lo interesante de todo esto, es que son solo cosas que pasan dentro de mi cabeza, mientras tú vives tu vida como si no te enteraras de nada. Perdón, en realidad no te enteras de nada, porque no sabes lo que pasa por mi cabeza...






